Seat 850 azul 





En un Seat 850 azul íbamos a Entrevías. Teníamos que atravesar un pequeño y estrecho túnel de un puente antiguo. Casi siempre nos pillaba el semáforo en rojo, duraba tres minutos en cambiar a color verde. A escasos diez metros se le podía encontrar casi siempre allí sentado. Su edad debía rondar los treinta años, sin embargo daba la sensación de ser un chaval joven y corpulento de apenas veinte años. Andaba o más bien arrastraba los pies por el pavimentado asfalto de la carretera. Ayudado con un par de muletas viejas y desgastadas iba parándose al lado de los coches extendiendo su mano grande para mendigar algunas pesetas. Seguramente de pequeño había padecido poliomielitis, pues su tren inferior estaba a medio desarrollar, completamente inmovilizado e inútil. Mi padre siempre se sintió conmovido hacia esta persona, seguramente le detonaba a su difícil niñez. Le llamaba "el changado", solía darle cien pesetas, no cabe duda de que conocía perfectamente el coche, a ellos dos se les veía una especie de satisfacción. Como cuando se realiza un trabajo bien hecho con mucho esfuerzo y dedicación. Aun hoy día que han pasado cuarenta años puedo entrever y sentir la sonrisa de ambos, en una complicidad absoluta...