El pozo
El pozo
Llevaba varios días poseído por una sensación de vacuidad, me sentía atraído por la oscuridad mas negra y terrible posible jamás imaginada. Quería sentir esa soledad y ausencia que solo el vacío de la multitud puede ofrecerte. No se me ocurrió nada mejor que internarme en un pozo somero abandonado y así reflexionar y meditar sobre los acontecimientos de mi vida que no dejaban de atormentarme. Bajé por los pates poco a poco, las manos se agarraban con dificultad del tacto frio y resbaladizo del metal, lo cual hizo posible que perdiera el equilibrio cayendo al fondo del pozo.
La suerte fue que el agujero fuera de poca profundidad (apenas cuatro metros). No sé cuanto estuve sin conocimiento, conseguí despertarme a causa de un olor nauseabundo no sabiendo de donde provenía exactamente. Caminé a lo largo de la galería subterránea y vi en penumbra la fuente y el origen de esos olores corruptos. Eran restos de animales descompuestos en el tiempo y que seguramente habían sido arrastrados por las innumerables tormentas y aguaceros surgidos en los últimos años.
Ya había tenido suficientes emociones de alto riesgo por un día. Necesitaba una brisa de aire fresco que me despejara. Con dificultad y todo magullado físicamente me dispuse a salir al exterior.
0 Comentarios