"El escondite es perfecto, aquí nadie me pillará." 
Seguro los tíos (profesores) se aburrirían de buscar pronto. 

Me encontraba suspendido, en un puente colgante de madera, vigilando los alrededores que no daban mucha perspectiva porque mi escondite estaba tapado por el gimnasio del colegio. A mi costado estaba la maltrecha cancha de futbol con demarcaciones practicamente borradas y el piso lleno de piedras, tierra y hoyos.
Mis compañeros ya se encontraban haciendo fila para recibir el pinchazo de ese día.

Las jeringas me aterraban, y con buena razón. Los tíos siempre decían que no iba doler que todo pasaría rapido, pero yo sabia que mentían y cada vez que te sujetaba el brazo la enfermera era peor. Miraban con cara de pocos amigos y luego un puntazo de dolor te recorría por todo el brazo que no le deseaba ni a mi peor enemigo.
En mi familia no eramos creyentes, pero si hay un infierno, este está lleno de vacunas y jeringas de tamaño colosal esperando para ser insertadas en sus pobres victimas mientras que alguien se ríe rodeado de llamas infernales.

Debo decir, que justo tuve suerte el día de hoy.
Quien hubiera pensado que la tía Paty nos anunciaría la noticia temprano y no de sorpresa como tantas otras veces. La ocasión era demasiado buena como para desaprovecharla y como buen jugador de las escondidas, elegí el lugar menos esperado. 

Solo los tontos eligen el baño como lugar para esconderse. Los tíos y el rector te pillan de inmediato y recibes una anotación que te sigue hasta la reunion de apoderados. Ahora que lo pienso, no creo que a mis padres les haga ninguna gracia que me esconda de las vacunas. Mi madre recitaría con su tono solemne : 

"Son para prevenir enfermedades ñañaña!"

Claro me Dice eso porque a ella ya la vacunaron. Pero yo fui mas astuto.
me rehuso a pasar por lo mismo otra vez!
Es como como esa vez cuando tenía 5 y me picó una abeja.
Había salido a buscar a mi amigo Fernando a su casa que se encontraba frente a la mía y grité "¡ALOOO!" como de costumbre.
Pero no respondió nadie. Y pasado un rato quieto esperando bajo el sol de la mañana, sentí el zumbido repentino en mi oído y como algo entraba debajo del lobulo de mi oreja escarbando bajo la piel con su aguijón
El dolor que le siguió fue lo peor, ahogué un grito y corrí a casa llorando escandalosamente...
Bueno quizás exagero cuando digo que es igual. La jeringa no es tan dolorosa como ese aguijón, pero esa punta delgada y traicionera no me ayuda en el sentir.

"Igual ya me están empezando a doler las piernas de tanto estar en cuclillas. 
¡YA SÉ! Voy a hacer un reconocimiento rapido, total el edificio de vacunas está pal otro lado."

Bajo lentamente del puente colgante, cuidando de no hacer ruido por mucho que me tiente saltar y caer como Goku en su entrenamiento con el maestro Roshi, ya había aprendido cuando caí la última vez y de inmediato sentí el tiron en las piernas por saltar dos metros con mi pequeño cuerpo que no amortiguó bien la caida.
Me encamino a paso apresurado y me asomo por el costado del gimnasio. Veo los baños a lo lejos, las salas con nuestros cursos y el edificio administrativo de enfrente. No veo un alma a la deriva. Sonrío de oreja a oreja.

"Bacán*, mi plan funciona a la perfección hasta ahora. Solo tengo que ver como hago para que no me pillen cuando me devuelva a la sala de segundo basico...
Quizás si espero en la sala...Hmmm, mejor no me cacharían altiro. Claro, voy a esperar que lleguen los compañeros que ya vacunaron y luego hago como que voy al baño y me voy para la sala como si nada. ¡ Soy el mas Cool! ( a estas alturas si no adivinaron que eran los años 90 en Chile no puedo hacer mucho mas por uds.)"

El plan sale a la perfección y ningun tío parece notar mi ausencia cuando me reintegro a la sala de clase con mis compañeros. 
Un compañero mas avispado que el resto me pregunta a donde estaba y si ya me había vacunado y no puedo evitar alardear de mi plan perfecto sonriendo con mis grandes dientes.
El compañero se muestra impresionado pero luego añade que lo que hice está mal, que igual me van a terminar vacunando aunque me escondiera. Yo no le presté atención y pronto terminó la jornada escolar sin jeringa y sin dolor.

En ese entonces nunca pensé que el mismo compañero me acusaría a la profesora sin un apice de verguenza. "¡Maldito acusete!"
Al final mi plan había sido perfecto pero por culpa de mi vanidad que pudo mas terminé siendo llamado y pinchado al día siguiente pero fué mi orgullo el que salió mas lastimado.