@S.deoliveiras_

Therabitia

Érase una vez un niño que vivía en un pueblo que ya no existe, en una casa que ya no existe, al borde de un campo que ya no existe, en el que todo se descubría y todo era posible.

Un palo podía ser una espada, una piedra era un diamante o un árbol un castillo. Érase una vez una niña que vivía al otro lado del campo y juntos se inventaban mil historias y mil juegos, ella era la reina y el su rey, a ella le brillaba el pelo al sol de otoño como si se tratase de una corona, juntos recorrían el mundo a pequeños pasos, cuando el sol se escondía y caía la noche se despedían con un abrazo y miles de hojas enredadas en el pelo.

Érase una vez un niño que amaba a una niña, y la risa de ella era como una pregunta que él quería pasar toda la vida contestando. 


Manzanas rojas 

Sentada en la terraza de nuestra casa de campo contemplando los cerros que se imponen frente a mí observo el jardín que está en frente, seco y moribundo. Mi madre lo solía cuidar. Mi padre, en otra silla algo cansado y triste se encuentra a mi lado. Nos quedamos solos por un momento, ni los perros se aparecieron ni los pájaros cantaron.

—La mamá está sufriendo y está muy débil— comenzó mi padre.

Mientras hacía como que lo escuchaba podía ver a mi madre en la parte más alta del jardín regando el árbol de manzanas rojas que a ella tanto le gusta. Más abajo flores de colores iluminadas por los rayos del sol y un jardín lleno de vida, de calma y tranquilidad. Podría pintar un cuadro de lo nítidas de mis imágenes.

—La quimioterapia está dando resultado pero eso no nos asegura nada— continuó. Abstraída por mis visiones y sin querer salir de ellas, inventándome una realidad dentro de otra no supe que contestar. Sabía que los próximos segundos serían durísimos para mí y aún más para mi padre. Luego de esas dos frases que apenas pudo pronunciar continuó « pobrecita la mamá » , quebrándosele la voz y así también su corazón.

 Amor paupérrimo       

¿Nuestro amor? Como un perro callejero muerto de hambre y lleno de pulgas o como presenciar el final de una pelea de gallitos de la pasión, desafortunado, indigno y paupérrimo.

Decidimos en nuestros pensamientos terminar la relación. Él sentado a un lado del futón y yo al otro, acompañados por los cojines que mi mamá me ayudó a tapizar, algunos rojos de plush y otros color crema con textos de manuscritos y fondo de texturas manchadas, me preguntó si tenía algo que decirle. Se produjo un silencio profundo, como si hubiera logrado escuchar los latidos de su corazón. No tuve nada que saliera de mí, ni pensar en palabras porque no sentía nada, pero nada en ese momento. Fría como un robot o como el hielo del whisky que a los segundos deja el vaso sudado. Pasaron unos minutos y me largué a reír, no a carcajadas pero si a reír como cuando te pilla una situación incómoda, cuando lo único que quieres es desaparecer o que te trague la tierra.

Me transformé en su cuerpo, en sus pies, en sus ojos, en sus manos y fui su sombra por mucho tiempo. Mis sentimientos se deshicieron al igual como se deshizo nuestro futuro.


En otro universo

Revisando el celular, decidí  publicar en Instagram unos textos que me llamaron la atención. Elegí algunos y etiqueté a los autores. De pronto un mensaje: un agradecimiento de una de las personas. Respondí y ella desde Colombia también contestó amablemente.

Nos escribimos durante horas, yo, casi siempre impávido, hacía preguntas torpes. Envió un audio diciendo que se ocuparía; supuse que era nuestra última conversación

Volví a buscarla omitiendo a una de mis personalidades que decía: “¡Es un delirio!”. Ignorándole escribí cosiendo las palabras. Ella respondió nuevamente muy amable.  Era un incógnito. Sin embargo,  me trató con mucha dulzura. Habían transcurrido días entre poesías y halagos. Con la bandera de lo “posible”, comencé a coquetearle de manera sutil, torpe, pero sincera.

De Medellín: preciosa, con elegante figura. Yo, de Lima, con más ganas de autodestrucción que de dejar entrar la luz.  Me pidió que le escribiera un poema; en instantes mi mente comenzó a abandonar la oscuridad. Rápidamente plasmé las ideas que venían brotando. ¡Lo hice!, Le dije nervioso. No sé de puntos de partida o de comienzos, mas creo que desde ese momento, se prendieron luces, que parecían, nunca volver a encenderse.


Amor o idealización    

Camino por un mall lleno de gente,

tiendas y luces por todos lados, acompañando o buscando a alguien. siempre es lo mismo, me quedo hasta que cierran y estar completamente solo, con la certeza que siempre fue así, me resigno y sigo esperando.

Otro día comienza y veo que solo fue un sueño  ¿no es así?.

vivo con la intriga de cuando será la próxima vez que visitaré ese lugar,  la visión es recurrente y siempre se manifiesta cuando mi realidad está por explotar"   


El último sueño            

La luna reflejaba en su mirada,

En el mio él,

Se miraba tan bello ‚sereno, tranquilo ..

Suspiré y cerré los ojos,

Tan profundo fue mi suspiro que sentí que fue el último.

Un frío recorrió mi cuerpo,

Abrí los ojos y detrás de él una escena terrible podía ver..

Grite, grite tan fuerte como podía él nombre de él.

Después un terrible silencio reino en el lugar , por más que yo gritaba y lloraba; ya nadie me escuchaba.

En lo más profundo de mi ser un estruendo se escucho, acompañado de un dolor, que por mas que lo pienso, no se como describirlo;

Era mi alma, mi alma moría

El corazón en mi pedazos quedo, Una lágrima en mi rostro rodó

Mientras sentía mi esencia desvanecer

Caí; Caí en el más profundo dolor que jamás había podido sentir.

Días después desperté, ya nada es igual, los días se tornaron grises Y yo; Yo ya no se quien soy."


Bailemos

 El mar baila junto a la arena que le rodea, le ha pedido la pieza de toda la vida. Marea de dos, abrazos de dos, -recámara para dos, por favor-. Dos cuerpos bailan al unísono en busca de la mejor canción.

La arena empapada a veces siente nostalgia y quiere ser solo ella, extraña los corazones y las huellas, pero no olvida que antes el Sol quemaba y el mar alivió su condena. Al mar le encanta salpicar su cara como un juego de niños, salta para aligerar tristezas, sabe que la arena nunca lastimará una piel bañada de azul cuya esencia jamás será áspera. Muchos tratan de ensuciar sus fronteras pero ellos son uno por más que dos no lo entiendan. Ambos aman las caracolas, sonrojarse frente a las puestas de Sol y bailar bajo las estrellas.

Baja a su compás de espera la marea, la arena desnuda su alma, recuerda el día que no lograron remover raíces de arena. El mar se enamoró, la arena es su trinchera, su amiga, la bailarina que tiembla. Ojalá todos los amores fuesen de mar y arena. Bailemos los días que nos quedan."                       

Mauro, la Flaca y el viento     

Era un verano estruendosamente caluroso para el alma

Esa mañana cerca de los cordones ya se secaban los pétalos paridos de la tipa blanca

Soplaba un viento frío ese día de diciembre

Que hasta la cucaburra se desorientó

Sin saber si era verano, final de primavera, o empezaba el otoño

 

Eso escribía Mauro mientras iba caminando bajo la sombra de esos árboles hacia la plaza, por esa calle casi desierta a causa de un corte por construcción de un puente.

Sentado en esos asientos de cemento bajo la sombra de los cipreses calvos, entre los juegos para niños, elevó la mirada y la vio, la flaca se acercaba rápido, a las zancadas pero revoleando los brazos y las piernas, la conocía de vista, y le encantaba esa flaca, otras veces la había visto pasar, una vez a las puteadas, hablaba sola diciendo:

- Se me acercan los mato hijos de puta chupa pijas...

 

Esa mañana fue diferente a todas, la flaca llegó hasta donde estaba Mauro y se sentó al lado exhausta de calor, con su mirada perdida hacia adelante, giró la cabeza, lo miró y le preguntó: - ¿Tenés hora pibe?

-Sabelo, las 10:39.

No contestó, y el se quedó mirándola. La flaca fumaba pasta pero a el no le importaba, tenía un ""no se qué"" que le encantaba, siempre es un ""no se qué"", aunque su mirada estaba seca, lisa y apagada, la flaca había tapeado las puertas del corazón hacía muchos años.

- ¿Que miras loco?

- Nada, hace tiempo te veo por ahí y me re gustas.

Algo retumbó en el pecho de la flaca.

- ¡Que me importa flaco! ¡No me descanses a mí, anda a hacerte dar!

Saltó como un resorte del banco y se fue puteando al flaco y se acordó de casi toda la familia.

A Mauro le encantaba, desde hacía años, aunque nunca supo el nombre y siempre se lamentaba porque la flaca estaba re limada, Mauro se levantó también con un sentimiento atascado en el pecho, de algo que no había podido ser, de algo que no termina bien, de una ilusión arrancada por el viento ladrón de ese día, tenía ganas de gritar, y gritó:

- ¡Flaca! ¡Me llamo Mauro!

La flaca que ya iba lejos lo escuchó, giró apenas su cabeza, y lo miró de reojo a la distancia, y gritó en tono medio:

- ¡Hacete dar puto!

La flaca miró al frente y siguió caminando, pero ahora los ojos de la flaca se habían humedecido, y el viento de ese día también a ella le robó un par de lágrimas.

 

Dioniso Mastrasonne                       


17 de enero, 2023       

Quisiera ser fuerte como la paz que organiza todas las guerras. Quisiera abrir una grieta en tu pecho para que me reconozcas, desde el dolor, desde la cicatriz. Quisiera entrar a la fuerza entre tus arcos costales, por si no te queda claro, quisiera quedarme. Porque he querido tanto encontrarme un corazón ahí dentro, porque no sé hablar así que tiemblo más fuerte para comunicarme. Las personas no saben muy bien que las despedidas son la parte más importante de una historia, porque no hay historia más dolorosa que aquella que no sabes cuándo soltar. Así que intenté decir adiós cada vez que te veía, pero no funciona si lo digo yo.  

Sé que tú también eres así     

No tiene sentido que hable de amor, lo sé, nunca debería haberte pedido ser mi herida sabiendo la respuesta. Por eso no escribo más de la cuenta. Soy egoísta, los escritores somos así, por eso suplicamos que nos quieran; por eso no conocerás a ninguno que no haya usado la palabra corazón, refiriéndose al suyo.    Tu nombre ya no tiene cara No me dolió tanto saber que no me quieres (como yo a ti); cuando te preguntaba cómo estabas decías “bien” (eres de pocas palabras), solo yo te buscaba cuando jugábamos al escondite (lo entiendo, es más divertido esconderse), cuando quise formar parte de tu vida me trataste como a un recuerdo (aún sigo vivo).


Amor hasta en la muerte.        

Siempre en todas las noches antes de dormir beso cariñosamente la frente de mi esposa, ese es nuestro modo de decirnos "ten una buena noche". Cuando duermo me gusta abrazarla de su cintura y posiciono mi cabeza sobre su regazo. Me reconforta dormir de esa manera junto a ella, de esa forma me hace perder el frío y la soledad que se respiran en la habitación, además, hace que olvide su trágica muerte de hace un tiempo.        

Un amor cuerdo.         

Ella es una mujer hermosa, no da importancia a los errores que cometí en el pasado, le puedo hablar de los demonios en mi cabeza que tanto me atormentan. Hablamos por horas y me presta toda su atención cuando le cuento sobre mi vida en la ciudad.

Simplemente estoy enamorado de ella, el problema es que no siente lo mismo por mi. Odio cuando se justifica diciendo que solo me ve como un paciente más del hospital psiquiátrico.      


Amor tardío   

Había mucha pasión y deseo dentro de ella, lo curioso es que no tenía nada que ver con su edad, pues rondaba los sesenta años. Muy fogosa, actuaba como si fuera la primera vez que jugara con los ejercicios amatorios del sexo. Funcionaba y se movía cual adolescente con ganas de descubrir los más íntimos recovecos del cuerpo humano. Jamás me hubiera imaginado, ni en mis sueños más recónditos, que algún día encontraría a una persona tan especial y atípica. Nunca comenté nada con ella ni la sugerí indirectas intentando descubrir el por qué de su peculiar modo de ser y actuar. Me dediqué a asombrarme y a disfrutar lo más posible, ignorando cuanto tiempo duraría."   


Lo saben todos 

No hagas ruido, por favor, este sentimiento que experimento es un misterio, le relate a los luceros lo que experimentaba, pero lo contaron, los muy habladores no resistieron, al astro luminoso le implore que me resplandezca cuando me observes andar, pero se equivocó de sitio e imaginó que de igual modo se cautivó de tu belleza, ya que no dejas de centellar, y al satélite que nos da la luz nocturna un confidente compañero le platique que te amaba y en el momento que te marchabas me sentía medio incompleto, medio trovador, como aquella bruja, pero me contó que no es querer si te abandona llevándose algunas partes de ti entonces intuyo que este sentimiento que es por ti ya no es tan oculto, lo sabe el cosmos completo, pero ¿Tú lo sabes? ¿Qué variaría si te contara que te amo?

Tu y yo somos recuerdo           

Hay recuerdos que los revivo una y otra vez en mi mente como tú y yo marcando nuestras iniciales en aquel sauce o incluso nosotros sentamos en medio de la nada que con tanta simpleza marca el alma de cualquier persona y me gusta formar ese tipo de recuerdos contigo, pero me gusta que tú seas el protagonista. Amado mío, amo mirarte a los ojos y ver tanta transparencia en ti y pensar que aún hay personas por las que vale la pena sentir, amo besarte y seguir los sabores más ricos en tus labios que recorren cada parte de mi ser, incluso amo un abrazo tuyo que me hace sentir que vuelo por entre las nubes tal vez relativamente el amor no lo cambia todo, pero si lo mejora yo quiero caminar de tu mano siempre, quiero sentir tu sudor después de ese partido que te dejo agobiado quiero abrazarte después de esa discusión en la que ambos tuvimos miedo de que nuestro romance adolescente termine quiero que seas tú por qué sé que ninguno se siente como tú y pues si aún no te dije te escribo los versos más lindos esta noche.       

Habítame bruja 

Habítame un poco más de campo no camines temerosa por mi cabeza, si me amas, invádeme por absoluto, hazme existir no para evadir el sucumbir, sino para probar cualquier cosa que me haga percibir que no mantiene un fin, ámame tanto que no entre en tu ser, hazme requerirte a tal punto que no domine mis pasos, hazme entender de que inhalar es decir tu apodo incesantemente y que agonizo si no te marco, no me des giros como un astro en transición, no me hagas ser un planeta en tu sistema solar, no deseo hablarte más, entrégame algo verdadero, te espero bruja.



Amor natural

Un terremoto que sacude, un incendio que consume y un mar tempestuoso que arrastra; la vida es riesgo, la vida es amor.  

Mil lunas llenas por delante 

Y te veo allí, recortado contra el fondo: el cielo.

Oscureciendo tímidamente por el anochecer, aún recordando los matices del día, una mezcla entre gris y azul claro.

Y tu figura recortada como una silueta negra. Me acerco tímida como siempre. Recuerdo las palabras "a medianoche en el acantilado", yo llego tarde, tú estás esperando.

Al oírme llegar giras la cabeza para comprobar que soy yo, aunque reconocerías el sonido de mis pasos desde cualquier distancia.

Te alcanzo, al borde del acantilado, y te abrazo por detrás, "hermosa espalda" pienso, reconfortante, y ya me siento mejor.

Por fin, se da la vuelta y me devuelve el abrazo.

Nuestros labios se rozan tímidamente, los míos culpables, los suyos, con miedo. Y es que yo también tengo miedo, miedo a perderle, a no tenerle...

Abrazados, buscamos el horizonte en la lejanía, pero no llegamos a verlo, la noche no nos deja.

Vuelvo a buscar sus labios y me encuentro con sus ojos, "siento llegar tarde", le digo. "no te preocupes", dice, y mis dudas desaparecen cuando alza la vista hacia ese disco plateado sobre nosotros y susurra "aún nos quedan mil lunas llenas por delante".