Mis primeros días en Berlín
INVIERNO
Me costó mucho tiempo volver a respirar y encontrar mi verdad. Me
abandoné sin saberlo, sin quererlo y así me auto flagelé. Duele escribir
ahora, el recuerdo del dolor no se olvidará nunca; es lo que me mantiene
viva hoy y no dejaré de agradecer porque así como fueron los momentos
mas tristes de mi vida, me ha regalado los momentos más lindos también.
Creo definir estos procesos como misteriosos y muy mágicos, nunca sabré
realmente como y porqué pasó todo, esa respuesta matemáticamente correcta
no estoy segura de tenerla ni si existió alguna vez.
Como dice la canción “He only just discovered the sun on the last day”,
es verdad que hubo veces donde en vez de sangre corría desesperanza por
mis venas y una tristeza que empañó mis ojos y que me dejó ciega por
mucho tiempo. Los días pasaban sobre mi y sobre mi alrededor, las
semanas, los meses, sin yo quererlo, sin yo notarlo.
Alguien me dijo que hay que vivir para poder elegir pero realmente hay
veces que cuesta hasta vivir. Miedo a ser, miedo a gritar, miedo a
demostrar, miedo a expresar, miedo a hablar, miedo a vivir. Me
transformé en una marioneta, dejé de sentirme, dejé de escucharme, dejé de
hablarme, y así decidí callar. Hay algo en todo que te hace percibir que
no eres parte de ese todo, de ese mismo mundo donde todos se sienten tan
cómodos, ese sentimiento de ausencia y de no pertenencia te hace sentir
vacío y fuera de lugar. Fuera de tu lugar, un lugar de comprensión, un
lugar de amabilidad, un lugar de compasión, un lugar de inteligencia, un
lugar de reflexión y de empatía. Abandoné mi lugar en el mundo, reemplazando
todo lo que sentía por lo que no sentía y empecé a construir una versión
irreal de mi misma. Creí que tal vez olvidándome, todo volvería a ser como
antes y así fue como empecé a jugar el juego de la vida, viviendo una
vida irreal, llena de mentiras, de inseguridades, de frustraciones, de
egoísmo y egocentrismo. Una vida sin luz, llena de sombras y flores
caídas no es una linda vida; incómoda, sin sentido, insensata,
¿quién quiere una vida así?, ¿de que vale tal vida?.
El estar ahora tan lejos de donde todo sucedió, me ayuda a desprenderme,
también a perdonar, a dejar ir, a soltar quizás; por si algo quedaba
escondido entre mis células. Observo lo que ya fue con más perspectiva
como lo hace el búho en su propia oscuridad y con más seguridad, la
misma que tiene un león al ir tras su presa.
La distancia, el tiempo y el amor me ayudaron con su sabiduría a ver el
sol el último día.
0 Comentarios