V- El viaje





Consigo calmar la necesidad de tenerla y después de muchos besos demasiado intensos logramos separarnos. Me espero a que esté dentro de casa y antes de irme le envió un mensaje: -He cambiado de idea, mañana no te prepararé la cena, simplemente sobre las 16:00 de la tarde te recojo en casa. Estate prepararada.
 - ¿DÓNDE IREMOS?
 - Es sorpresa piernas. 
-¡¡¡Oliver!!! Dímelo, porque necesito saber qué ponerme. 
- Te pongas lo que te pongas, estarás preciosa, tranquila, que no te voy a llevar de senderismo. Puedes ponerte lo que quieras. 
- ¡Bien! Te veo mañana 😘 
- Descansa piernas.
 Y pongo en marcha mi plan... Hablo con un contacto de un amigo y organizo cada detalle para mañana. Son las tantas de la noche y aunque quiero dormir y descansar no puedo. Estoy sonriendo como un imbécil. Imaginándome su reacción. Y finalmente al cabo de un rato caigo rendido al sueño, aunque mi último pensamiento es claro: Haría cualquier cosa por ella. El día transcurre lento, y no pasan ni los minutos. Solo quiero verla. Me paso la mañana con ella en mi cabeza. Parece que nada es más importante. Cuando llego a casa me pego una ducha de agua caliente de esas que deja la piel roja, he elegido unos vaqueros oscuros, una camiseta de manga corta negra y una chaqueta negra. Voy a por ella y estoy nervioso. Jodidamente nervioso. Cuando llego, piernas está apoyada en un coche. Está preciosa. Es preciosa. Lleva unos pantalones negros con una camisa lencera negra y una chaqueta de cuero verde oliva. 
- Piernas, estás impresionante!- y voy acercándome a ella como si fuese una presa. 
- Gracias,tú no estás nada mal. Nos sonreímos y ambos atacamos la boca del otro sin piedad. Es pura necesidad. Tenerla en mis brazos es todo lo que necesito. Se separa despacio y empieza hablar sin parar. 
-¿Dónde vamos? ¿Voy bien así? ¿Necesito algo? Yo solo puedo reírme.
 - Relájate piernas, solo confía en mí. Ella asiente y nos metemos en el coche. Conduzco dos horas del tirón. Ella sigue con las preguntas y se pone extremadamente nerviosa
. - Piernas ya estamos llegando. Ella bufa y me causa una ternura desmedida. Ls veo mirar por la ventana cuando llegamos a la zona de aparcamiento.
 - Oliver ... ¿ Qué ...? - mira los globos que están en la zona- ¿Qué hacemos aquí?- le tiembla la voz, pero le brillan tanto los ojos que ahora mismo soy el hombre más afortunado del mundo.
 - Dijiste que era tu sueño, piernas... Baja del coche y se abalanza sobre mis brazos.
 - Eres increíble. 
-Haré cualquier cosa por ti piernas. Nos besamos sin pudor alguno y podría jurar que el beso dice más que nuestras palabras. La voz del colega de mi amigo nos interrumpe y nos lleva hasta el globo. Nos explica el funcionamiento y nos da algunos consejos. El globo de todos modos está enganchado a un garfio y solo nos permite cierta altura. Subimos y ella irradia felicidad. Y me siento tan feliz de verla así... Esto es lo que significa amor. Tiene que serlo, por qué me siento feliz por verla feliz. Le robo unas cuantas fotos, otras posamos juntos y algunas otras son del paisaje. Desde nuestra altura vemos las montañas, el riachuelo y de lejos la ciudad. Es precioso. 
- Es todo tan bonito, gracias por hacer esto por mí Oli. Yo le robo un beso y la abrazo desde atrás. Tenerla tan cerca, oler su perfume, y sentirla es todo lo que necesito. Estoy jodidamente enamorado. Disfrutamos del viaje, de más vistas y de la compañía. Cenamos en un restaurante que me recomendó mi amigo y salimos llenísimos. El viaje de vuelta es más corto, no hemos dejado de hablar del viaje en globo. Una vez aparcados ella me sonríe. 
- No quiero excusas, sube a casa. Yo me armo de valor y la beso.
 - Te lo hubiese pedido yo, piernas. Es imposible que ahora pueda separarme de ti. 
Y nuestras ganas no pueden esperar, el ascensor se vuelve nuestro refugio, sus manos están ocupadas en desabrochar el botón de mi pantalón. Mis manos están acariciando cualquier centímetro de piel que tenga a mi alcance. Besos. Gemidos. Caricias... Y sucede. Salimos del ascensor entre risas y besos. Me sobra ropa. Estoy en llamas. Mi piel está erizada. Ella abre la puerta y soy consciente de que la hemos cerrado por el ruido que emite. Ha saltado sobre mí. La tengo enredada en mi cintura. Se ha quitado la camiseta de encaje y puedo perderme en aquella tela tan fina que la separa de mí. Los besos por el cuello marcan el camino de la perdición. Llegamos a la cama. Y ambos nos desnudamos ansioso. Ella es una descarada que mira mi cuerpo sin pudor. Yo hago lo mismo. Nos sonreímos. Y el fuego incendia la habitación. Solo soy consciente que le he susurrado: - Te quiero piernas.