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  III-NO CUMPLEAÑOS

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El aire fresco golpea mi rostro y es cuando por fin me siento bien. La puerta del bar se abre y le noto atrás.
Después de 75 días, sé los lunares que tiene en el cuello, el perfume que utiliza y cuantas veces pestañea leyendo el periódico.
- Empieza hacer frío - susurra detrás de mí. Aunque disimulo perfectamente la sonrisa que eso me provoca y lo erizada que tengo la piel.
 - Es lo que tiene noviembre- intento mantenerlo alejado de mi, pero cada día me resulta más difícil. 
Hoy mismo, sin ir más lejos, cuándo ha entrado por la puerta, no he podido disimular la emoción que me ha causado. 
73 días sin dejar de venir, más el primero que le dije que al menos me hiciese ganar dinero, más la noche en que lo conocí, 75 días topándome con aquella mirada oscura. 
- Es un buen mes, ¿verdad? Hoy cumplo 33. Me giro para mirarlo, y está demasiado cerca. La sonrisa me sale inminente. 
- Felicidad...- me interrumpe y se ríe. 
- Es broma Lucía, intentaba que me sonrieras exclusivamente a mí. 
Voy a matarlo. Pero me lee la mente y se aparta cubriéndose la cara. 
- No me pegues por favor- sigue bromeando y mirándome entre los huecos que ha dejado al cruzar los brazos sobre su rostro. Me encanta lo natural que se ve, lo duro que parece y lo tierno que es cuándo quiere. Como el día 42 que me dejo una rosa negra con una frase encima de la mesa " deja de fingir que no te alegras al verme, me oscureces. En realidad no, eres como un relámpago piernas", La tengo guardada en casa junto a cada nota que ha ido dejándome en la mesa cada día. 
- Idiota, pensaba que era verdad y ni tarta tenías- susurro al darme cuenta de que lo he dicho de verdad. Quiero hacerle una tarta, regalarle mi libro favorito y besar cada jodido lunar que tenga. 
- Pero que tierna estás hoy piernas, si tienes que ser así conmigo porque hoy es mi cumpleaños, prometo venir a decírtelo cada día. 
Me rio porque está poniendo voces muy raras
- Me aferro a mis palabras. Eres idiota. 
-Si, pero soy TU IDIOTA. 
No le respondo por qué mis labios están ocupados con los suyos. Está sorprendido, tanto que tarda unos segundos en atraparme con sus grandes manos, apretarme a su cuerpo y besarme como si llevase 75 días deseándolo.